derco parque arauco - no aplicación garantía a mi mazda 2
Mi nombre es Javiera Desormeaux Rojas. El sábado 5 de Mayo de 2012, fui víctima de la más absurda de las ******s . Ésta le ocurrió a mi vehículo Mazda 2 (año 2011, patente DGZC 69, 4800 kms.) en la comuna de Las Condes.
Tuve la “ocurrencia” de salir a dar una vuelta cuando mi auto - el cual compré tras 2 años de ahorro en mi primer trabajo para dar una cuota inicial y contraer un crédito por la diferencia pagando adicionalmente el seguro - falló estrepitosamente. Pocos saben lo que se siente cuando tu sueño, lo que más querías, se funde sin explicación y de la manera más inverosímil.
Tras idas y vueltas, DERCO me aseguró de la manera más violenta y humillante posible, que yo estaba equivocada y que mi auto se destruyó porque un “ratón” lo mordió, luego dijeron que fue un “perro”, falta que sea un “gato”. Me dijeron que no me responderían más allá de un descuento miserable en un costo estimado de 4 millones de pesos (50% del valor del auto) y que no insistiera. Mi frustración pasa porque estoy sola contra el mundo. Nadie puede contra estos monstruos corporativos, ya que al poco tiempo la aseguradora Magallanes también se alineó con Derco y me cerraron la puerta en la cara.
Me costó casi $8 millones el auto, pude pagar sólo la mitad y debo aún esa porción del crédito. Estoy condenada a pagar algo no podré disfrutar y que me pena cada vez que llego a la casa y el auto no está. Me siento indefensa y abusada frente a Derco. Se deben reír de mí y de mi familia, ya que no tenemos como defendernos de ellos. Somos muy chicos e insignificantes para que siquiera les importe.
Haciendo un balance, creo que en Chile es mejor andar en taxi o no contratarle ningún tipo de seguro a nuestros autos, ya que las empresas a las cuales uno les deposita mes a mes su confianza y su dinero, nos engañan y se ríen de nosotros.
De hecho, es tan triste la situación de mi familia, que cuando vemos en la televisión el comercial de Derco o Magallanes, en donde sale gente hablando de las bondades de la empresa y sobre cómo debemos confiar en ellos, no nos queda más alternativa que apagar la TV para no sentir que, además, se ríen de nosotros nuevamente cada noche en nuestras casas.
En ningún momento tuvimos el apoyo por parte de Derco y Magallanes, nunca tuvimos la posibilidad de que nos escucharan y pudieran sentir nuestra pena. Ya no sabemos qué hacer ni con quien hablar, pero una sola cosa tenemos clara junto a mi familia, Derco y Magallanes nos han perjudicado, han metido sus manos en nuestros bolsillos y han violentado nuestra calidad de vida.
Mi nombre es Javiera Desormeaux Rojas y mi error fue confiar en Derco y Magallanes.


